La puerta entreabierta, el aire rodando sobre dos tazas frías que se miran como esperando el desenlace de una historia que ya no importa. Nadie hubo para oír a la angustia hacerse eco sobre los manteles de siempre, sobre la mesa chueca que con su último aliento sostiene dos tazas frías que se miran y dicen: ya todo lo hemos dicho.
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